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Uber es mi portal a los mercados negros de Ciudad de México

Luis Chaparro

La aplicación de viajes es un portal para los pasajeros que buscan mercados ilegales de drogas, armas y documentos falsos en Ciudad de México.

Alberto no es un traficante de drogas, un vendedor de armas ilegales o un falsificador de documentos. Él es un chofer de Uber de cuarenta y tantos años, vive en Ciudad de México y tiene ese tipo de conexiones.

Conocí a Alberto por primera vez en un viaje de Uber desde Coyoacán hasta Ciudad de México, que es donde vivo. Conversamos un poco a medida que viajaba en su automóvil, el que está registrado a su nombre y es utilizado exclusivamente para Uber. En algún punto bromeé sobre como me gustaría tener un grado de doctor, de esa manera podría ganar más dinero del que gano como periodista.

"Bueno" respondió Alberto mientras llegábamos a mi destino, "Yo puedo ayudarte a conseguir uno".

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He pensado en esto desde entonces. Sin haber tenido contacto con Alberto por un año, decidí llamarlo. ¿Qué quiso decir cuando insinuó que podía ayudarme a conseguir lo que parece ser una falsificación de un diploma de doctor?

Al final resultó que él respondió a esta pregunta. Alberto, el chofer de Uber, fue mi conexión a un mundo oculto de Ciudad de México, unas de las ciudades más grandes del mundo que autorizaron legalmente el funcionamiento de esta aplicación de viajes.

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Ya que los choferes de Uber provienen de diversos orígenes, algunos de ellos inevitablemente están unidos al mundo criminal, de acuerdo a Alberto, cuyo peinado es un vestigio de su pasado en el ejercito mexicano.

Este tipo de choferes están preparados para trabajar como intermediarios entre los pasajeros y los mercados negros de la cuidad capital. Sus redes de contacto sirven para que ganen un poco de dinero extra, ya que los pasajeros por lo general le dan propina a los choferes que pueden lograr una conexión apropiada, ya sea drogas, armas ilegales "nunca antes usadas", pasaportes falsificados o diplomas de universidades.

Por supuesto que yo no hice ninguna transacción, pero con Alberto como mi guía tomé un Uber hacía las tiendas clandestinas de los mercados negros de Ciudad de México donde venden documentos falsificados, lo que me permitió dar un vistazo a cómo funciona el proceso.

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Alberto me pasó a buscar a mi departamento de clase media en la colonia Escandón. El destino: Tepito, uno de los barrios más sospechosos en la ciudad, donde conocimos a Raul, un vendedor de documentos falsificados. El viaje fue de 60 pesos (4 dólares) y tuve que darle una propia de 1000 pesos a Alberto (60 dólares) por sus contactos y por cubrir mi trasero en las calles de Tepito.

Este tipo de propinas no quedan registradas en Uber. En la aplicación este viaje aparecía como cualquier otro viaje en Ciudad de México.

Desde los tiempos prehispánicos que la economía de Tepito ha estado unida a tradicionales mercados al aire libre, los llamados tianguis. Los locales llaman a Tepito "el barrio bravo" por su reputación criminal que incluye productos falsificados, robos y la venta de drogas.

Alberto llamó a Raúl* cuando estábamos cerca de cierto vecindario histórico rodeado de pequeños departamentos. Raul es un pequeño hombre con el pelo corto y voz de niño, el que rápidamente nos guió a su tienda secreta de documentos falsificados.

Por lo que pude ver, Alberto y Raúl tienen este convenio desde hace un par de años y los dos se conocieron antes que Alberto comenzara a ser un chofer de Uber. Ellos atienden a ciudadanos locales como yo, pero Alberto dijo que ha puesto en contacto a Raúl con familias centroamericanas que necesitan pasaportes e incluso con pasajeros estadounidenses que estaban en busca de identificaciones mexicanas falsas.

"Nunca he tenido un problema" dijo Alberto.

Ellos dos aseguraron que no hacen este trabajo para los cárteles, quienes han diversificado sus portafolios más allá de los narcóticos. Raúl mencionó que algunos choferes de taxis tradicionales en Ciudad de México trabajan como coyotes (vigilantes de bajo nivel de los cárteles) y que los sindicatos de crimen organizado pagan una comisión a estos espías por traer clientes.

"También utilizamos coyotes en las calles, pero ellos se arriesgan a ser atrapados, entonces los choferes de Uber son los coyotes perfectos" dice Raúl, riendo, mientras da una palmada en la espalda de Alberto.

"También utilizamos coyotes en las calles, pero ellos se arriesgan a ser atrapados, entonces los choferes de Uber son los coyotes perfectos"

Por su parte, Alberto no dijo cuántos choferes de Uber son como él. Raúl dijo que son "cientos" de choferes de Uber que conectan a los pasajeros con las economías ilegales de cuidad de México y que los coyotes de Uber son más oportunistas que los coyotes de taxis tradicionales. Él dijo que los coyotes le preguntan a los pasajeros "¿Qué es lo que necesitas?" o "¿Qué es lo que estás buscando?" sugiriendo que son tímidos comparados con los carismáticos choferes de Uber, quienes aparentemente hablan con los pasajeros cada vez que tienen una oportunidad.

La oficina de Uber en Latinoamérica no pudo ser contactada pese a los múltiples intentos de pedir comentarios.

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La oficina de Raúl era un desastre, un pequeño cuarto con una tenue luz en un vecindario sospechoso. El lugar está detrás de un gran edificio y olía a ramen y polvo. Alberto y yo no pudimos entrar.

"Esperen acá", nos dijo Raúl. Debía fijarse si en su tienda había una plantilla para el grado de doctor. Si no había, Raúl dijo que teníamos que ir a otra oficina para ver si ahí estaba la correcta.

Resultó que tenía lo necesario: la licenciatura médica de una universidad privada en México (de acuerdo a Raúl era el diploma genuino de una persona, no está claro quién, graduada con el grado de doctor hace un años atrás). Con esta plantilla él podía hacer el trabajo en un PC utilizando el software de edición de vectores CorelDraw. Luego había que escanear e imprimir.

"Esto es todo lo que necesitas para tener una nueva identidad acá en México", dijo Alberto.

Todo lo que hizo Raúl fue cambiar el nombre y la fecha en la copia falsificada. Pero primero necesitaba una foto.

Raúl nos llevó a una cabina de fotos. La mujer que operaba la cabina parecía estar al tanto: Raúl le dio un número, que era el código para el tipo de foto que necesitaba. Yo vestía una camisa blanca, una corbata negra delgada y una chaqueta grande. Me senté en el taburete. Mi pelo estaba peinado hacia atrás, mostrando la frente.

"No rías", me dijo la mujer.

Foto cortesía del autor

Me dio un paquete con seis fotos que tenían pegamento en la parte posterior. Se las pasé a Raúl. Alberto y yo volvimos a la oficina de Raúl, ahí sobrepuso mi foto en la plantilla. "¿Qué piensas?" me preguntó.

No soy un experto en documentos falsificados, pero la plantilla se veía muy convincente con mi fotografía. Podía ser mío por 5000 pesos, unos 400 dólares, lo que Raúl cobra a sus clientes por este tipo de trabajo. Decliné cortésmente.

Alberto y Raúl se dieron la mano. Estábamos listos. Por un momento conversaron sobre trabajo entre ellos y luego Alberto me llevó a su vehículo. Alberto me dijo que pidiera un viaje a través de Uber. Luego de cancelar a 3 otros choferes que me tomaron como pasajero, Alberto pudo aceptarme y comenzamos nuestro viaje (que costó otros 60 pesos) desde Tepito hasta Escandón.

Cuando me dejó en mi casa le agradecí por la ayuda.

"Cuando quieras, amigo"

Reporte adicional y edición por Brian Anderson.

Sigue a Luis en Twitter @LuisKuryaki.