¿Por qué los astronautas pierden la visión en el espacio?

Una investigación presentada por la Sociedad radiológica de Norte America confirma las hipótesis que existían previamente.

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dic. 1 2016, 7:44pm

El astronauta de la NASA, Michael Hopkins, se somete a una imagen del ojo con ultrasonido, dentro del laboratorio Columbus de la Estación espacial internacional. Quien ayuda a Hopkins es el astronauta Luca Parmitano, de la Agencia espacial europea. Imagen: NASA

La agencia espacial estadounidense, la NASA, lleva años desconcertada por uno de los efectos secundarios de la navegación espacial extensiva: el daño a la vista. Muchos astronautas que ha estado en el espacio durante meses han padecido una pérdida paulatina de visión. Los exámenes realizados a su regreso han probado que el dorso de sus globos oculares ha padecido un estrujamiento y un aplanamiento durante su periplo sideral.

Una nueva investigación presentada esta semana ha ofrecido una respuesta parcial a lo que podría estar causando la enfermedad es el líquido cefalorraquídeo presurizado, un líquido que emana de la espina dorsal. Noam Alperin, un investigador del instituto cerebral F.McKnight, de la universidad de Miami ha presentado los descubrimientos de la investigación que él y sus colegas han realizado en 16 astronautas. En ella han medido el volumen de líquido cefalorraquídeo (CSF en sus siglas inglesas) en sus cabezas antes y después del viaje espacial. El CSF es un líquido que flota alrededor del cerebro y de la espina dorsal, y amortigua y protege a tu cerebro mientras te desplazas, como cuando te incorporas después de haberte tumbado.

Alperin y su equipo han concluido que los astronautas que han estado en el espacio durante largos periodos de tiempo (alrededor de seis meses) tenían mucho más CSF alrededor del ojo, que los astronautas que solo habían pasado cortos espacios de tiempo (alrededor de dos semanas). También han diseñado una nueva técnica de visualización, que mide exactamente hasta qué punto se han alisado los globos oculares después de determinadas estancias en el espacio.

La conclusión es que sin la ayuda de la gravedad, el líquido no logra bajar ni distribuirse equitativamente, lo cual provoca que se acumule en la cavidad del ojo, e incremente la presión del mismo, que, lentamente, empieza a verse alterado, hasta que se produce un daño en la visión, al que se conoce como síndrome de discapacidad visual de la presión intracraneal (VIIP en sus siglas inglesas). Es probable que algunas personas tengan más predisposición que otras, posiblemente debido a la forma de sus cráneos, lo que explicaría por qué algunos astronautas no han padecido el VIIP. Sin embargo, Alperin es más de la opinión que cualquiera puede padecer VIIP si se quedan en el espacio durante un periodo de tiempo suficientemente largo.

"Hemos visto cambios estructurales en el globo ocular en los grupos de larga duración", me cuenta Alperin por teléfono. "Y esos cambios están asociados al incremento en el volumen de CSF. Nuestra conclusión es que el CSF está jugando un papel muy importante en la formación del problema". Los resultados todavía no han sido publicados en ninguna revista académica (momento en el que otros colegas de profesión verifican las investigaciones), pero Alperin cuenta que el manuscrito ya ha sido aceptado y que será publicado en breve. Los hallazgos de la flamante investigación se parecen bastante a las conclusiones que los miembros de la NASA habían barajado para explicar la enfermedad, según cuenta Scott M.Smith, responsable del Laboratorio Nutricional Bioquímico de la NASA en el centro espacial Johnson, que ha estado estudiando asuntos relacionados con la pérdida de visión durante los últimos seis años.

"Creo que sus conclusiones encajan bien con las líneas de pensamiento que estamos barajando actualmente", me dijo Smith.

Muchos astronautas — aunque, no todos — han padecido esta inexplicable reducción de sus visión después de haber pasado meses en la Estación Espacial Internacional. Algunos de ellos han bajado de una perfecta visión 20/20 a una estrepitosa 20/100 en solo medio año. Los investigadores se han mostrado gravemente preocupados con ello. Actualmente se trabaja para mandar a los primeros astronautas a Marte en el año 2030, una misión que exigirá un viaje de nueve meses. Y nadie quiere arriesgarse a que todos los astronautas se queden ciegos durante el trayecto.

"La NASA tiene elaborada sus propia clasificación de cuáles son los principales riesgos para la salud, y los dos problemas principales son la radiación y los problemas de visibilidad", cuenta Smith. "Is it number one or two? Some people would say it's number one, because we don't really know what the long-term implications are."

Claro que cuanto más se entienda el VIIP más sencillo será encontrar una solución. El equipo de Smith se encuentra realizando en la actualidad ensayos clínicos para investigar si el síndrome de ovario poliquístico — que, a pesar de su nombre, también padecen los hombres — podría tener efectos parecidos en la visión.

La solución que se encuentre dependerá de los descubrimientos que se vayan haciendo en el camino: la solución podría consistir en una medicación, o en alguna clase de dispositivo que ayude a redistribuir el fluido; o en algo completamente diferente. Cada pasito nos estará acercando un poco más al sueño de enviar a astronautas a Marte, sin riesgo de que se queden ciegos.