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El muro de Trump en la frontera con México podría ser un desastre ecológico

Lo que construímos en la frontera no sólo impacta a los humanos.

Grennan Milliken

El muro fronterizo entre México y Estados Unidos en San Diego. Imagen: Bruno Sanchez-Andrade/Flickr

El presidente Trump firmó una orden ejecutiva el pasado miércoles, la que avanza en una de sus promesas de campaña— la construcción de un gran muro de entre 14 y 20 mil millones de dólares en los 3200 kilómetros de frontera con México, el que estará diseñado para detener a los inmigrantes ilegales y para que las drogas no puedan entrar a Estados Unidos.

Este muro ha recibido fuertes críticas por parte de los grupos de derechos humanos por el posible desastre humanitario que podría causar (pregunten a la ciudad de Berlín por esto). Pero de ser construido, el muro podría representar otra nueva amenaza: un desastre ecológico.

Una barrera podría dañar seriamente la población animal que vive en el frágil ecosistema desértico en la frontera entre Estados Unidos y México, impidiendoles acceso a recursos alimenticios, compañía e importantes rutas de migración. Esta ruptura sería un irreparable golpe a incontables especies, incluyendo unas extraordinariamente raras como el jaguar de Sonora y el lobo gris mexicano.

Las barreras hechas por el hombre, como caminos y cercas, son uno de los más devastadores tipos de desarrollo para la vida animal.

De acuerdo con el servicio estadounidense de peces y vida salvaje, un reporte provisional lanzado el año pasado decía que el muro de Trump cubriría los 3200 kilómetros de frontera, donde ya existen 1600 kilómetros desarrollados a cada lado, y potencialmente impactaría en 111 especies en peligro, 108 especies de aves migratorias, cuatro refugios de vida salvaje y criaderos de peces y un número desconocido de humedales.

Las barreras hechas por el hombre, como caminos y cercas, son uno de los más devastadores tipos de desarrollo que enfrenta la vida animal. Los ecosistemas son fluidos y los animales se mueven a través de ellos con regularidad. Los obstáculos como camino y cercas, son un problema para los individuos de estas poblaciones, cortando el acceso a recursos alimenticios o matándolos directamente.

La frontera entre México y Estados Unidos divide una serie de entornos medioambientales, incluyendo dos únicos y diversos ecosistemas: el valle de Río Grande en Texas y las islas Sky en el suroeste. El valle del Río Grande es uno de los lugares con más biodiversidad de Norteamérica, con más de 700 especies de vertebrados y una inversión de $463 millones de dólares al año, la que proviene de observadores de fauna silvestres, como los observadores de aves, quienes viajan a ver los miles de aves que son parte de las grandes migraciones. Linces, javelinas, ocelotes, ciervos, unas 500 especies de aves migratorias y decenas de anfibios y reptiles también dependen del movimiento libre por esta región.

Un jaguar. Imagen: US Fish and Wildlife Service

Es posible predecir el daño que el muro de Trump causará basados en las porciones de la frontera que hoy sirven el mismo propósito. Una mezcla de alambre de púas y una valla de 5 metros y medio de alto está instalada de forma intermitente a través de 1000 kilómetros de la frontera, desde los estados de California hasta Texas. Parte del proyecto fue llevado a cabo el 2005, durante los años de George W. Bush. El 2011, un rango de 16 especies habían disminuido su número hasta un 75 por ciento. Algunos casos de especies muy extrañas, como los ocelotes de Texas (existen sólo 50 en Estados Unidos) fueron completamente separados de sus más diversas contrapartes mexicanas, lo que llevó a una pérdida de diversidad genética. Se ha visto a algunos bisontes saltando sobre la cerca de alambre de púas, en un intento por buscar comida y agua.

Louise Misztal es bióloga y directora ejecutiva de Sky Island Alliance, una organización sin fines de lucro dedicada a la conversación en Arizona, Estados Unidos. Ella me dijo por teléfono que "lo más interesante sobre la infraestructura que ya existe en la frontera, es que realmente afecta a las especies. A todas, desde un oso que no tiene la posibilidad de pasar hasta pequeñas ranas y sapos. Es imposible sobrepasarla, incluso para pequeñas formas de vida".

En el suroeste de Estados Unidos y el noreste de México existe un particular corredor de vida salvaje, justo donde termina la Sierra Madre y se une con las Montañas rocosas, es aquí donde las especies tropicales como el jaguar y el ocelote del noroeste de México se unen con especies como los osos y los leones de montaña del sur de Arizona.

"Mamíferos de gran diversidad, como leones, osos, jaguares y ocelotes, necesitan moverse entre estas distintas cadenas montañosas para recibir recursos alimenticios y agua", dijo Misztal.

"Existe un gran y constante movimiento que necesitamos tener en mente".

La muralla de Trump bloquearía a los jaguares "pioneros" que deben migrar hacia Estados Unidos para repoblar el área. El muro también podría separa la pequeña población de unos 100 lobos mexicanos en dos —no olvidemos que esta es la población de osos grises que está en el mayor peligro de extinción en el mundo. Más allá de estos impactos inmediatos, una muralla en toda la frontera también impediría que las especies sean capaces de cambiar de sitio y estilo de vida para poder adaptarse al cambio climático.

"Con el cambio climático, muchas especies se están moviendo de lugar y algunas especies están expandiendo su alcance hacia el norte", dijo Misztal, "entonces existe un gran y constante movimiento que tenemos que tener en mente".

Los animales voladores como los pájaros e insectos, tampoco podrán sobrepasar la muralla. Si la barrera se construye, las criaturas migrantes (ya sean pájaros o insectos) podrían salirse de curso, porque su sistema de navegación basado en las estrellas podría dejar de funcionar. El muro que actualmente está de pie en porciones de la frontera, ha dañado las vías fluviales, lo que interrumpe a los pájaros migratorios, dijo Misztal.

Los profundos y ecológicos impactos producto de la pérdida de especies, y los servicios que estas entregan, aún no está claro y puede ser de largo alcance. "Además de los impactos en la vida salvaje que son obvios y visibles, pueden haber impactos a largo plazo que no somos capaces de prever ahora", señaló Misztal.

El departamento de seguridad nacional no debe tomar en cuenta las regulaciones medioambientales cuando construye infraestructura dedicada a la seguridad, entonces es posible que todo esto no sea tomado en cuenta. El proyecto aún tendrá que superar innumerables obstáculos, incluyendo problemas de ingeniería y la lucha con rancheros y otras personas locales que se rehúsan a entregar sus tierras.