Comanche, un jefe del cártel de Sinaloa, revisa su teléfono a un lado de la frontera. Foto: MOTHERBOARD.

Control remoto

Una investigación de Motherboard sobre los teléfonos celulares desechables y el contrabando de personas en la frontera de México con Estados Unidos.

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abr. 14 2016, 7:06pm

Comanche, un jefe del cártel de Sinaloa, revisa su teléfono a un lado de la frontera. Foto: MOTHERBOARD.

Esto es parte de BORDER LINES, una serie de Motherboard sobre teléfonos celulares de prepago en la frontera de Estados Unidos y México. Lee acá.

Chino golpea el suelo.

Dos polleros lo guiaron a través del muro. Los contrabandistas de personas lo ayudaron a saltar, pero nadie lo iba a estar esperando al otro lado.

"¿Tienes teléfono?", le preguntaron los polleros cuando le recogieron horas antes.

"Sí, sí, tengo teléfono", les dijo.

"Mira, esto es bien fácil", le explicaron. "Tienes que brincar y correr. Vas a ver casas hasta el fondo y tienes que correr hasta donde están las casas".

Sonaba fácil, pensó Chino. Había pagado su cuota por cruzar y los polleros habían puesto algo de dinero en su teléfono, un aporreado BlackBerry Curve 8980. Le dijeron a Chino que se tirara al suelo después de saltar y que esperara la llamada.

"En todo momento tienes que estar con el teléfono porque yo te voy a dar indicaciones", le dijo uno de los polleros.

Era cerca de la medianoche cuando lo llevaron a un lugar cerca del muro fronterizo hecho de hierro que separa a Nogales, en Sonora, México, de Nogales en el estado de Arizona, a una hora de Tucson. Es Septiembre del 2013. Chino tiene 30 años de edad.

La caída es de 4 metros y medio. Cuando está en el suelo, su teléfono suena.

Le dicen que corra.

TIENES UNA LLAMADA

Son 3.144 kilómetros de tierra implacable.

Montañas, cañones, desierto. Todo está cubierto de cholla, cactus barril, otras plantas con espinas y una confiable señal de telefonía celular. Por eso los teléfonos celulares baratos y desechables inundan la frontera entre México y Estados Unidos, pese a la inhospitalidad del entorno natural.

En el pasado, quienes intentaran cruzar la frontera con México iban acompañados por un coyote, un guía de a pie. Los coyotes guiaban a un grupo grande de migrantes a través de la línea y hacia un sitio en el lado estadounidense, dispuesto anteriormente, donde los migrantes pasaban a manos de otro guía. Muchos migrantes siguen cruzando de esta forma, según Comanche, un jefe del Cártel de Sinaloa, que comanda una célula de tráfico en Nogales, Sonora.

Pero estos días, el guía puede ser sólo una voz al otro lado de la línea.

Mucha gente está cruzando la frontera llevando teléfonos celulares, ahora más que nunca, de acuerdo a oficiales de la ley, oficiales gubernamentales, contrabandistas y migrantes a los dos lados de la frontera. No es muy probable que lleven teléfonos inteligentes, como fue el caso de Chino cuando cruzó ilegalmente. En muchos casos, los migrantes ya tienen sus teléfonos con ellos a medida que intentan cruzar, pero se ha hecho ya común que los polleros o contrabandistas de personas presionen a los migrantes, conocidos como pollos, a comprar un paquete que incluye teléfonos celulares desechables, usados únicamente para comunicarse durante el cruce y para luego ser abandonados en el desierto.

No está claro cuántos migrantes cruzan con teléfonos. Ahora por lo menos, los celulares desechables son una parte necesaria en la industria de cruzar la frontera.

La proliferación de teléfonos desechables de prepago ha hecho que cruzar sea más seguro para los migrantes. En la épica saga de la migración humana, los migrantes que se encontraban perdidos en el desierto, se enfrentaban a heridas, deshidratación, violación, asaltos e incluso asesinato. Sólo ahora es posible que las personas que cruzan llamen al 911 en caso de peligro. La señal de teléfonos celulares es lo suficientemente fuerte que tanto México como Estados Unidos tienen campañas donde alientan a que los migrantes pidan ayuda antes de que sea demasiado tarde.

"Muchos, pero muchos, muchos migrantes llevan teléfonos celulares con ellos", dice Ricardo Pineda Albarrán, el cónsul de México en Tucson, hablando específicamente de los teléfonos desechables. "Cuando una persona se pierde en un área desértica, nos pueden llamar, eso es una bendición".

Si los teléfonos celulares desechables son un salvavidas para los migrantes que intentan cruzar, también parece que la tecnología disponible "sin contrato" ha hecho que el negocio sea más eficiente para los contrabandistas.

Es tan fácil que no cuesta pasar por alto cómo los teléfonos celulares de prepago han simplificado las rutas que componen el contrabando de personas, al conectar a los que se mueven por estas rutas con quienes los mantienen en movimiento. Con más y más migrantes llevando teléfonos celulares, hay algunos contrabandistas que ven una oportunidad.

Un ejemplo es lo que la Patrulla Fronteriza llama "control remoto". Esta es una táctica para cruzar en la que los polleros guían a los pollos a través de la frontera utilizando teléfonos celulares. Los polleros envían las instrucciones en tiempo real desde México, donde tienen menos riesgo de ser arrestados que en suelo estadounidense. Así fue como cruzó Chino.

La Patrulla Fronteriza y los agentes de Inmigración y Control de Aduanas desmantelaron una red de contrabando que utilizaba control remoto a fines del 2011. Los contrabandistas no estaban llevando grandes grupos de personas a pie, en cambio daban instrucciones por teléfonos a migrantes que cruzaban la frontera desde Jacume, en Baja California, México, hasta California, al sur-este de San Diego. Ocho personas fueron detenidas con cargos federales en conexión a esta red de contrabando.

Los teléfonos celulares desechables no son una nueva tecnología, pero ahora están disponibles por 11 dólares a lo largo de toda la frontera, donde las torres de telefonía celular siguen apareciendo y el negocio del contrabando se mantiene en un mercado de pueblos como Altar, Sonora, que provee al migrante de todo lo necesario para cruzar finalmente hacia el norte. El contrabando de personas nunca ha sido tan personal.

Si bien algunas aplicaciones y los teléfonos a bajo precio están haciendo que sea más fácil cruzar al norte, hay buenas razones para creer que la migración está bajando, comparado con años anteriores recientes.

El año 2005 oficiales del Departamento de Seguridad Nacional, incluyendo a la Patrulla Fronteriza, contabilizaron más 1.17.,000 aprehensiones en la frontera sur de Estados Unidos. El año 2014, el más reciente en que se tienen datos, el número total de detenciones bajó a 480.000 personas. Siempre existe la posibilidad que haya menos que están siendo atrapados, pero un reciente estudio de PEW sugiere que hay más mexicanos saliendo que entrando a Estados Unidos.

Esto no ha logrado que la migración desde México deje de ser un candente problema político. Donald Trump, quien fue respaldado recientemente por el sindicato nacional de la Patrulla Fronteriza, se ha comprometido a construir un sólido muro a lo largo de toda la frontera, si es que se convierte en presidente.

Existen 1.170 kilómetros de barreras, una mezcla de muros primarios y secundarios que mide entre nueve metros y tres metros de alto respectivamente, más una valla anti vehículos de un metro de alto. Eso es lo que divide los países hoy, el resto está abierto.

Una barrera del largo de toda la frontera requeriría otros 1.930 kilómetros de "muro", término que generalmente es utilizado como sinónimo de "cerca" por oficiales, contrabandistas y migrantes. Esto es casi 12,5 veces el muro de Berlín. El plan de Trump es "obligar" a que México haga un pago de entre cinco y diez billones para llenar este vacío de 1.930 kilómetros. El rival de Trump en la candidatura por el partido republicano, Ted Cruz, dice que él también "completará el muro".

Se estima que cada kilómetro y medio del muro, ya sea primario o secundario, cuesta un millón de dólares, de acuerdo a John Lawson, un veterano agente en la oficina de campo de la Patrulla Fronteriza en Tucson. En algunos lugares, agregó Lawson, el costo inicial podría subir hasta4 millones de dólares por cada kilómetro y medio). Utilizando el número entregado por la Patrulla Fronteriza, una estimación conservadora, el total sería de 1,2 billones de dólares. Y esto es sólo para construirlo. Cada centímetro necesita constante mantenimiento.

"¿Todavía quieres construir un muro en toda la frontera?", él dice. "¿Qué sentido tiene esto?"

el muro visto desde Nogales, Sonora. Foto: MOTHERBOARD.

Una cosa es segura: los migrantes continuarán intentando cruzar la frontera entre México y Estados Unidos.

Si bien la migración desde México está disminuyendo, los migrantes que están cruzando la frontera vienen desde más lejos. Están huyendo de lo problemas en Guatemala, Honduras y El Salvador, la mayoría de ellos son niños y están viajando desde América Central en grandes números. Algunos refugiados sirios se han entregado a las autoridades migratorias en la frontera. Un joven coyote mexicano, llamado Juan, nos dijo que recientemente le preguntaron si podía cruzar a un grupo de migrantes de China (no llevó a cabo el trabajo).

"Desde el comienzo de la civilización todo ha sido motivado por la migración, incluso este país", dice Pineda Albarrán refiriéndose a Estados Unidos. "Es la forma que tienen los humanos de vivir, de adaptarse".

Por lo visto, hay tantos kilómetros como formas cruzar de cruzar la frontera. Si algo funciona (una cuerda, un túnel cavado a mano, un pasaporte falso), funciona, y tanto los contrabandistas como los migrantes utilizarán el método. Si la táctica no funciona, porque no es realizable o es fácil que la migra se de cuenta, tiende a desaparecer, hay que intentar algo nuevo.

Es un despiadado juego donde sobrevive el más fuerte y algunas veces el más astuto. Esto ha avivado la evolución constante de la tecnología fronteriza, que actualmente se está marcando en los teléfonos celulares desechables.

Comanche vigila desde Nogales, Sonora, lo que sucede al otro lado del muro, en el lado estadounidense donde un camión de la Patrulla Fronteriza está estacionado sobre un cerro. Imagen: MOTHERBOARD

En una investigación de tres meses, Motherboard descubrió cómo funcionan las operaciones que guían remotamente a los migrantes, características idénticas al grupo arrestado en 2011 en Baja California, a sólo 600 kilómetros al este. Evaluamos la viabilidad del control remoto y mostramos una imagen del contrabando personal de personas. Nuestro reporte se centró en el corredor de contrabando que existe alrededor de ambos Nogales, un puerto de entrada mayor entre las ciudades de Nogales, Sonora, en México, y Nogales en Arizona.

Esta comunidad binacional está separada por la frontera y es precisamente aquí donde Chino, quien ahora viven en Nueva York, saltó el muro con un teléfono celular en la mano a fines del 2013. Es aquí donde los polleros vigilan a los pollos desde la seguridad de los cerros o complejos de departamentos en el laberinto que forman los barrios lindantes con el muro fronterizo.

También es la plaza, en el lenguaje de los cárteles, a través de la cual se mueve casi la mitad de la marihuana que entra en Estados Unidos, casi 450.000 kilogramos, de acuerdo a agentes de la Patrulla Fronteriza que patrullan ambos Nogales al norte de la línea.

Viajamos a esta región para conocer a Comanche, el jefe de plaza de 47 años, y a uno de sus polleros, un joven de veintitantos llamado Daniel, quien utiliza el control remoto para mover personas y drogas a través de este corredor. Comanche y Daniel nunca habían conversado antes con un medio de comunicación y aceptaron mostrarnos lo que sucede dentro de los mecanismos internos del control remoto.

También conversamos con Chino, quien confía en personas como Daniel para que lo lleven al otro lado de la frontera. Y volamos junto a agentes federales por los cerros que los centinelas utilizan como puestos de observación para ver cualquier cosa y a cualquier persona que cruce ilegalmente.

Aprendimos que el contrabando y los esfuerzos por combatirlo se han convertido en trabajos extremadamente individualistas. También está el uso de tecnologías de consumo como los teléfonos celulares desechables y WhatsApp, la plataforma de comunicación más popular del mundo, que utiliza una encriptación que está obstaculizando las órdenes de escucha telefónica del FBI (en marzo WhatsApp anunció que incluirían una encriptación aún más vigorosa). Muchos traficantes y migrantes se comunican entre sí y con otras personas, incluidos los periodistas, exclusivamente a través de esta aplicación. Al mismo tiempo, las autoridades están intensificando sus esfuerzos para evitar la confluencia de los teléfonos celulares desechables y las aplicaciones de comunicación seguras.

Otro lado de la industria de migración es, por supuesto, la droga.

Muchos de los narcóticos ilegales que viajan a Estados Unidos son contrabandeados a través de la frontera sur de Estados Unidos por parte de unos pocos cárteles internacionales de droga. Estos mismos cárteles también controlan el tráfico de personas en México y están en una constante lucha tecnológica con las autoridades mexicanas y con la migra, la sopa de letras que componen las agencias dedicas a combatir la migración y las drogas en las tierras fronterizas.

Si los teléfonos celulares desechables son un salvavidas para los migrantes que intentan cruzar, también parece que la tecnología disponible "sin contrato" ha hecho que el negocio sea más eficiente para los contrabandistas.

El juego del gato y el ratón entre los contrabandistas de personas y los esfuerzos para coartarlos, se han reducido a una línea en la arena.

EL HOYO

Chino está al descubierto. Expuesto a las luces de los focos que iluminan el lado estadounidense. Sabe que tiene que salir de la luz y entrar en la oscuridad. Debe levantarse y comenzar a correr. Las casas no están lejos. Quizás a unos 100 metros.

Pero no puede correr, está congelado, paralizado por los nervios.

"¿Para dónde corro?", dijo Chino por teléfono.

"Te tienes que ir por los matorrales", respondió uno de los polleros.

Chino finalmente entró en acción y se puso a correr. Unos segundos después sufre un traspié y cae en una gran poza de barro. Chino logra aferrarse al teléfono a medida que cae, antes de levantarse nuevamente y seguir corriendo. Chino dejó reveladoras huellas antes de salir a la luz, huellas que la Patrulla Fronteriza revisa diariamente. Luego todo se volvió oscuro. Chino no puede ver y cae nuevamente, esta vez estampándose contra un cactus. Está tan nervioso que no siente las púas en el costado y en el brazo.

El teléfono se escapa de su mano, pero él ve donde cae. Lo toma de nuevo.

"¿Estás bien?", le pregunta el pollero.

"Sí, es que me acabo de topar con un cactus", dice Chino.

"'No, ¡sigue corriendo!", ordena el pollero. "No pares, corre, tú corre".

Entonces Chino comienza a correr una vez más, pero luego de unos pocos pasos el suelo desaparece debajo de él. El hoyo tiene un metro y medio de profundidad. No lo vio venir. Chino cae en él.

LA CIMA DEL MUNDO

Manejamos en dirección este, junto al muro fronterizo cerca de Naco, Arizona, un área rural que se ha convertido en un punto caliente del contrabando guiado por control remoto, a unos 150 kilómetros al este de Ambos Nogales. Lawson, quien ha patrullado la frontera por 18 años, está manejando un SUV negro. Nos explica que la noche anterior los agentes atraparon a un pollero que estaba al norte del muro utilizando control remoto. Otra camioneta de la Patrulla Fronteriza se acerca en dirección contraria.

El agente se asoma a través de la ventana del conductor, mirando hacia el suelo cubierto de polvo. El mismo tipo de camino que Chino tuvo que cruzar corriendo.

"Está buscando pisadas, en caso que no hayamos visto a alguien", dice Lawson, "por si las cámaras no vieron a nadie. De esta forma él sabrá si algo cruzó".

"Manejas todo el día con la cabeza fuera de la ventana. Así es como nos ganamos la vida," agrega, riendo. "No es muy glamoroso, pero así se hace este trabajo".

John Lawson nos lleva a 'la cima del mundo'. Foto: MOTHERBOARD

Lawson conoce esta área muy bien. Él ha visto como el contrabando de drogas y personas (y los esfuerzos para detenerlo) han ido avanzando. Ha sido testigo del aumento del control remoto y comprende las circunstancias que llevaron a los contrabandistas del Cártel de Sinaloa, quienes han hecho de Naco una fortaleza por años, a adoptar esta técnica.

Luego de los ataques terroristas del 11 de septiembre del 2001, Lawson vio cómo la recién formada DHS (el Departamento de Seguridad Nacional) aumentaba su red de vigilancia en la frontera suroeste: crearon un complejo industrial de vigilancia repleto de sensores bajo tierra, drones espía y tecnologías controversiales, conocidas como StingRays o TriggerFish, que reúnen información sobre la localización de celulares al emular torres de telefonía móvil.

Él ha visto cómo la Patrulla Fronteriza, una subsidiaria de la agencia de Aduanas y Protección de Fronteras de Estados Unidos, ha expandido su presencia en la frontera sur con más de 18.000 agentes patrullando la línea, la que está organizada en ocho sectores.

"Es difícil agarrar a un tipo malo si está sentado en un cerro en México"

Uno de esos ocho sectores, el sector de Tucson, es el más grande y uno de los más activos pasos de personas y drogas en la frontera. Se extiende por 420 kilómetros, desde Yuma hasta la línea del estado de New Mexico y está dividida en tres corredores y ocho oficinas que cuentan con 4.200 agentes. Lawson, un tipo con pelo corto entre rubio y gris y un ligero movimiento al caminar, posee una comprensión elemental del espacio que patrulla. Conoce todos los cerros, los valles y los pasadizos en Naco, como si fuera un cartógrafo o un ranchero. O un narcotraficante.

"Esta es un área de contrabando de droga", dice Lawson.

Lawson estaciona su camioneta en un sector elevado del muro, conocido entre los agentes de la patrulla fronteriza como "las calizas". Salimos y observamos. La vista es panorámica.

Sobre las calizas, en el sector de Naco en la frontera, junto a los agentes Michael Hyatt y John Lawson. La noche anterior a que esta imagen fuera capturada, agentes de la Patrulla Esfuerza capturaron a un pollero que utilizaba control remoto en este mismo sector del muro. Imagen: MOTHERBOARD

Antes de que proliferaran los teléfonos celulares en las tierra fronterizas, explica Lawson, los coyotes caminaban a través de la frontera con grupos de entre 20 y 30 personas hacia una casa de seguridad o un lugar donde descansar. Ahí los migrantes eran recogidos en automóviles y sus guías retornaban al sur. Esta técnica tuvo su apogeo en el año 2000, de acuerdo a Lawson, cuando 600.000 personas cruzaron, sólo en el sector de Tucson.

Para mediados del 2000, dice, la Patrulla Fronteriza notó que los contrabandistas comenzaron a utilizar teléfonos celulares para comunicarse entre ellos y coordinar los movimientos de las personas a través de la frontera. Entonces, la Patrulla Fronteriza comenzó a preocuparse específicamente de los contrabandistas, procesándolos en vez de deportándolos junto a los migrantes, inmediatamente después que los agarraban. Esta técnica contra el contrabando hizo que los guías tuvieran que cambiar sus tácticas.

"Tuvieron que encontrar un método distinto", nos dice Lawson. "Se dieron cuenta de que los estábamos persiguiendo y que ya no podían trabajar libremente porque no era seguro para ellos. Ya no se iban de vuelta con el resto del grupo, ahora iban a la cárcel".

Entonces los polleros dejaron de aventurarse hacia el norte porque corrían un riesgo muy grande al ser capturados. Casi al mismo tiempo los celulares desechables entraron a escena.

"Debes comprar un teléfono", dice Lawson, imitando la forma en los contrabandistas comenzaron a dar direcciones a las personas que buscaban cruzar con el método de control remoto, "y luego te guiaremos hacia el norte".

Un contrabandista utilizando la técnica de control remoto con un teléfono y binoculares visto cerca de Naco, Arizona en Febrero del 2016. Foto cortesía de US Customs and Border Protection - Tucson.

Durante el 2011, estima Lawson, todos los elementos que hicieron surgir al control remoto se habían cristalizado. Las autoridades se dieron cuenta muy pronto, debido a que los grupos de migrantes que encontraban no viajaban con guías. Los grupos se hicieron más pequeños, "como una sola persona o una pequeña familia en vez de un grupo de personas", recuerda Lawson, "y siempre llevaban un teléfono celular con ellos".

En algún lugar había un guía al otro lado de la línea. Sentando, observando, dando instrucciones a los pollos desde lejos.

"Hey, dobla a la izquierda y corre hacia ese árbol, luego llámame de nuevo", dice Lawson, continuando su imitación de un contrabandista. "¡Alguien viene! escóndete tras ese arbusto, te llamaré cuando el camino esté libre. Sigue hasta que llegues a esa casa".

Lawson con una variedad de teléfonos confiscados. Foto: MOTHERBOARD

El viento sopla a nuestro alrededor en las calizas. Lawson señala la cima de una montaña a un kilómetro y medio al norte de la línea fronteriza, en suelo norteamericano. Los agentes de la Patrulla Fronteriza como él tienen un nombre para esta montaña en particular, la que ha sido utilizada por los contrabandistas para guiar remotamente a los pollos a través del teléfono. La llaman "cima del mundo".

"Desde ahí puedes ver todo" nos dice Lawson.

Desde la cima del mundo puedes ver kilómetros y kilómetros de caminos. Puedes ver, sin obstrucciones, un gran pedazo de terreno desde el lado sur de la frontera, lo que hace que esta montaña sea un punto ventajoso para el control remoto; Tienes una panorámica visual entre cada uno de los puntos, desde el muro hasta la cima del mundo y todos los caminos que hay ahí.

"Si eres un tipo malo, si eres un vigilante, puedes dirigir el tráfico desde la cima del mundo", dice Lawson. "Si tienes cobertura de celular, tienes un automóvil en el camino y él chofer tiene un teléfono celular, tienes a un guía cruzando un grupo y él tiene un celular…" dice, "con este método ellos nos pueden engañar bastante".

La vista de Lawson está fija en la cima del mundo. Dice que esa montaña en particular dejó de pertenecer a los contrabandistas y centinelas debido a los esfuerzos de la patrulla fronteriza, cambiando las rutas de tráfico y la economía del contrabando. Pero también es porque los polleros de aquí y allá, especialmente en lugares más urbanos como Ambos Nogales, no tienen la necesidad de aventurarse en suelo norteamericano, simplemente tienen que utilizar un teléfono celular.

Por supuesto que la cima del mundo ya no es frecuentada por los contrabandistas como era antes. ¿Para qué cruzar la frontera si no es necesario?

"Todas estas personas se estaban comunicando a través del teléfonos celulares e hicieron que todo fuera un poco más difícil", admite Lawson. "¿Cómo detienes esto? Es difícil atrapar al tipo malo si está sentado en un cerro en México".

¿Cómo es la vida de los polleros que se sientan todo el día en un cerro? ¿Se sienten seguros en estos puntos ventajosos, sabiendo que no tienen que tocar suelo estadounidense?

El cerro de los punteros cerca de Ambos Nogales. Foto: MOTHERBOARD

Es de día y estamos parados frente a la Iniciativa Kino, un refugio para los migrantes que está muy cerca de la línea entre ambos Nogales. Es la 1 de la tarde, la hora en que la Patrulla Fronteriza hace un cambio de turno en el lado estadounidense.

Dos punteros, o centinelas, están parados al lado de uno de los departamentos de viviendas sociales que están en un cerro directamente frente a Kino. Un puntero está más cerca del muro que el otro, que se queda entre las sombras. Los dos están mirando hacia Estados Unidos, más allá del tráfico vehicular que está cruzando a través de este puerto de entrada. El puntero cercano al muro está hablando por teléfono. Hace movimientos horizontales con su mano libre, como diciendo "muévanse, muévanse" a alguien a quien no podemos ver.

Los dos punteros desaparecen a los 15 minutos. Antes de que desaparezcan vemos que uno de ellos nos mira. No necesita utilizar binoculares para ver qué pasa en el norte, a medida que guía a los pollos. Nos ve y nosotros lo vemos. Despega el celular de su oreja por unos segundos.

Luis, nuestro productor en terreno, nos señala un automóvil que pasa por la calle a nuestro lado. El conductor maneja lentamente y nos mira. Es probable que el puntero en el cerro le haya enviado para chequearnos y probablemente esté en contacto con el tipo que aparece en la esquina, media cuadra hacia el sur. El tipo también nos mira, antes de desaparecer.

Es difícil no sentir que estás siendo constantemente vigilado, que probablemente hay alguien que te están siguiendo. Los cárteles tienen centinelas en todos lados, incluso algunos taxistas que trabajan como vigilantes para el cártel de Sinaloa y Los Zetas, grupos rivales que llegaron a un acuerdo el 2010 dividiendo esta plaza por la mitad. Todo lo que está al este de las vías del tren es territorio de Los Zetas, al oeste es territorio del cártel de Sinaloa.

Aquí, en el sector del cártel de Sinaloa, el conductor o el vigilante (o quizás ambos, dice Luis) probablemente van a hacer su reporte al puntero que está en lo alto, quien después tiene que señalar nuestra presencia por la cadena de mando. Este es un lugar donde las cosas pueden terminar trágicamente. Aquí es donde la gente, los reporteros, los civiles inocentes, son raptados, extorsionados, asesinados o simplemente "desaparecen".

Nosotros nunca estuvimos en peligro. Comanche dijo que nuestra visita estaba bien.

Pero Daniel, el joven pollero del cártel de Sinaloa que había aceptado conversar con nosotros a través de un intermediario, no tuvo la misma suerte.

Daniel estaba muerto.

DANIEL

Daniel siempre estuvo orgulloso de su trabajo. Nació en Caborca, Sonora, a dos horas y media al suroeste de Ambos Nogales. Este lugar es una región de granjeros que históricamente ha sido pobre y donde te ganas la vida trabajando en los cultivos o te unes al cártel con la esperanza de poder vivir bien. Parecía que todas las personas que él conocía estaban en el negocio del cártel de Sinaloa. Daniel nunca pensó que fuera extraño ser un contrabandista.

Tenía un hijo y, después de todo, se gana buen dinero cruzando pollos.

Para ser un pollero, Daniel hablaba mucho acerca del negocio, algo anormal. Él era "estridente", de acuerdo a nuestro productor en el terreno, Luis, un periodista freelance que ha investigado durante años el contrabando ilegal de personas, las dinámicas de los cárteles y la migración dentro de esta región. Luis conoció a Daniel en septiembre del 2015. La última que vez que se vieron, en el verano del 2015, Daniel dijo que estaba cruzando "cientos de personas" y que lo había estado haciendo por cerca de una década. Daniel no podía haber tenido más de 23 años en ese entonces.

Sabíamos que Daniel había comenzando a usar el control remoto en el centro de Nogales. Desde el ventajoso punto frente a la iniciativa Kino, él guiaba a los pollos a través de un teléfono celular. Su vida terminaría cerca de ese punto de observación.

Sucedió una semana antes de que conociéramos a Daniel, esta fue la última vez que Luis pudo hablar con él por WhatsApp. Pocos días antes de nuestra visita, Comanche, el jefe de plaza, escribió por WhatsApp a Luis con las noticias de su asesinato. No se sabe si fue un conductor o si el asesino salió del auto y disparó a Daniel. Fueron dos veces, una en la cabeza, la otra en el pecho. Daniel se desangró debajo de un automóvil cerca de la línea fronteriza.

Daniel. Pantallazo cortesía de Luis Chaparro

No está claro cómo los polleros de Chino entran en esta cadena de jugadores en el bajo mundo del contrabando de personas. También es imposible saber quién está en el centro. Lo que sí podemos decir sobre el lugar de Daniel en el ecosistema del contrabando es que él era un intermediario, un enlace entre los punteros y los pollos.

Más allá de los departamentos, al oeste de la ciudad, hay entradas directas hacia el desierto. Daniel tenía un automóvil que solía utilizar para recoger a los pollos y llevarlos hacia una serie de puntos cercanos a estas entradas. Él les decía que caminaran derecho, que se mantuvieran cerca de un canal que va paralelo a la línea. Los pollos siempre tenían celulares. Daniel les decía que se mantuvieran en la línea y que siguieran sus órdenes cuando él los llamara.

Entonces Daniel se subiría a los apartamentos en lo alto de la colina y se uniría a un puntero, que le diría cuando no hubiera moros en la costa. Eso podría ser cuando los agentes de la Patrulla Fronteriza cambiaban de turno con una furgoneta de vigilancia móvil en una de las colinas justo en frente del puesto del contrabandista, a no más de unas 160 metros en el lado americano. Con un puntero buscándolo, Daniel indicaría a los pollos cuándo saltar el muro, cuándo correr, cuándo agacharse, lo que fuera.

"Ok, ahora vas a ir al otro lado" dice Luis, imitando a Daniel "Sigue caminando recto. Habrá una gasolinera allí, entonces verás un hospital. Tira el teléfono y espera cerca".

Daniel dejó otra cosa clara a los pollos: si te pilla la migra, no delates a otros. Si te pillan, no sabes nada sobre quién te ha guiado desde el otro lado.

Unos traficantes de droga que fueron filmaron recientemente por un equipo de periodistas de "Hechos", un programa de la cadena de televisión mexicana TV Azteca. El equipo estaba grabando en el lado estadounidense de la frontera de Ambos Nogales, cuando dos contrabandistas, que estaban siendo guiados por teléfono, saltaron la valla con dos mochilas llenas de drogas. Saltaron de vuelta al lado mexicano una vez vieron que estaban siendo filmados.

Si algún pollo con mala suerte se encontrase en esta situación, la excusa de no saber nada podría ser fácilmente cierta. Chino dice que sus polleros usaban motes entre ellos y que todo se hacía en clave. Asignaban números a todos sus clientes. A Chino le llamaban simplemente "17".

Y así fue desde la ciudad natal de Chino en Puebla, al sureste de México, donde empezó el largo viaje hacia el norte: una nube de caras y nombres falsos en breves encuentros con conductores y encargados a lo largo de una constelación clandestina de refugios y zonas de espera que se extiende por América Central y hasta la línea. Chino no necesitaba saber nada sobre sus nombres reales para saber que todos ellos, incluidos los polleros como Daniel, que facilitaban el cruce de la frontera, se llevaban una parte de los beneficios.

El precio por cruzar varía dependiendo de dónde empiece el migrante, dónde quieren o esperan llegar, cómo van a llegar hasta ahí y quién les llevará. Los cárteles cobran a cada migrante 6.000 dólares para ir desde Guatemala a la frontera de Estados Unidos con México, cruzarla y seguir desde ahí, de acuerdo al cónsul de Guatemala en Tucson. Chino dice que la gente que empieza más al sur, en Honduras o El Salvador, pagan 10.000 dólares por el viaje.

Él, por su parte, nos dijo que pagó 6.000 por su "paquete" para cruzar en septiembre de 2013, lo que es un precio normal para un migrante que empieza en México. Los cárteles suelen cobrar entre 3.000 y 7.000 dólares a la gente que empieza en México y quiere ir desde Ambos Nogales, por ejemplo, a Chicago o Nueva York, ciudad donde Chino ha vivido y trabajado desde mayo de 2000. Fue entonces cuando cruzó por primera vez. Acababa de cumplir 18 años.

"Fue fácil", dice Chino.

Dejando Puebla. Foto courtesy Chino

Había dejado Puebla una mañana de viernes y voló a tierras fronterizas. Cruzó en Agua Prieta, Sonora, a unos 185 kilómetros al este de Ambos Nogales, pasado Naco. Entonces fue guiado a través de la frontera por un coyote y después recogido en un vehículo en el lado americano a las 2 am del mismo día que bajó del avión. Dos días después estaba en Nueva York.

"Fue muy rápido", recuerda.

Chino volvió a México en 2012. Su madre, diabética, había caído enferma y quería estar con ella. Recuperó su salud pasados unos meses, cuando Chino estaba listo para cruzar por segunda vez a Estados Unidos.

Para poner el plan en marcha, contactó a un hombre que vive a dos horas de Puebla. Este hombre es "famoso" en la región por tener buenos contactos en la frontera, según Chino. Los cárteles mandan dinero a este hombre para que él envíe pollos hacia el norte.

Chino estaba regresando hacia el norte, esta vez en carro. Nos cuenta que pensó que sería tan fácil como la primera vez.

"En mi mente decía: 'esto va a ser lo mismo'".

Chino, en Brooklyn, mira hacia Manhattan a través del East River. Gif por Evan Rodgers

El dinero que Chino y otros como él pagan por hacer esto se distribuye entre un número incontable de gente que mantiene las redes del contrabando fluyendo como una corriente submarina. La gente que primero te pone en contacto con un contrabandista, la gente que se encarga de las casas de seguridad, los conductores que te llevan de un refugio a otro hasta que llegas a un lugar como Ambos Nogales, los enganchadores que recogen pollos en las estaciones de autobús y los llevan hasta los polleros, los conductores en el otro lado que te llevan a tu destino final.

Todos se llevan un pedazo.

Chino dice que los polleros locales que lo guiaron con el teléfono recibieron 300 dólares por su trabajo. También ofrecieron a Chino dinero a cambio de llevar consigo una carga de marihuana.

Llegado cierto punto, Daniel también empezó a traficar con narcóticos. "La mota vale más que los pollos", solía decir. Chino nos cuenta que no faltaba las ofertas por donde él cruzó a través del control remoto. Sus polleros, quienquiera que fuesen, no le aplicaron la tarifa a una migrante y la pagaron 1.500 dólares por pasar con éxito 20 kilos de marihuana a Estados Unidos.

Al menos eso es lo que los polleros decían. Chino no les creía. Rechazó la oferta.

'ME AGARRARON'

Chino se golpea el codo mientras cae. También hay pedazos de hierro en el hoyo, los que le cortan el cuerpo. Dice que la migra los pone ahí a propósito.

"Me caí así, ¡Pah!" recuerda Chino. "Me sacó el aire".

La llamada se desconecta. Sus polleros le vuelven a llamar, pero estando ahí tirado en el agujero, aturdido y sujetándose el brazo, Chino no puede contestar. ¿Qué iba a hacer?, ¿Cómo iba a salir de allí?, ¿Cómo iba a salir?

Su teléfono se enciende otra vez.

"Me acabo de caer a un hoyo" dice Chino

"No" le reprenden los polleros. "Salte de ahí y sigue corriendo".

Chino se encoge de dolor y consigue salir del agujero. Después ve linternas acercarse. La migra, piensa. ¿Quién si no?

"¡Sigue corriendo!" le ordenan los polleros. "Y cuando llegues a las casas te escondes".

Chino está machacado. Su rodilla le palpita. Está cubierto de espinas de cactus. "¿Qué hago, qué hago?" se pregunta. ¿Esperar a que pase la migra? Si parpadeas, piensa, ya será demasiado tarde. Se esconde en un arbusto.

"Pero es que me vienen siguiendo" susurra al teléfono.

"¡Sigue corriendo!" gritan los polleros.

"No" dice Chino. "Es que ya está aquí, ya está aquí".

Es entonces cuando los polleros cuelgan definitivamente.

De izquierda a derecha: El autor, Camilo Salas, y Luis Chaparro miran sobre el muro buscando el lugar donde CHino intentó cruzar utlizando el control remoto. Imagen: MOTHERBOARD

Chino sabía que era más rápido que la migra. Jugador de fútbol recreativo, estaba más en forma que nunca en su vida. Podría correr más que cualquiera de ellos, incluso estando lesionado. Pero decide esperar. El agente de inmigración pasa por su lado, con la linterna encendida, y no ve a Chino. Solo cuando se da la vuelta y mira atrás le descubre.

"¡Quédate ahí!" le ordena el agente en español. "¿Tienes armas?".

"No" le contesta Chino. "Me acabo de lastimar".

Piensa en correr otra vez, pero está demasiado nervioso. Puede ver un grupo de vehículos de la Patrulla Fronteriza al fondo. Es imposible, se admite a sí mismo, metiendo el teléfono en una bolsa pequeña que lleva consigo. Se acabó. La migra lo rodea.

"¿Quieres agua?" le pregunta el agente que lidera el grupo. Puede ver que el codo de Chino está abierto y sangrando.

"Sí" contesta Chino. No iba a decir que no. Además, el tipo parece respetuoso. Incluso le ofrece comida, pero Chino la rechaza cuando el agente le pregunta cuánto tiempo lleva escondido en el arbusto. "Apenas acabo de cruzar hace 10 minutos" le dice Chino.

Lo siguiente que sabe Chino es que lo llevan a algún sitio en una furgoneta de la Patrulla Fronteriza. Le confiscan prácticamente todo lo que lleva encima, desde su cinturón hasta los cordones de los zapatos, pero, por suerte, no tocan o siquiera ven su teléfono. Al diablo con esto, piensa Chino. Llama a sus polleros, ahí mismo, desde la furgoneta de la migra.

"Me agarraron" explica Chino.

"Qué puta madre" maldicen los polleros. "Y ni modo, cuando te suelten regresas".

"Ok" les dice.

Sus problemas solo acaban de empezar.

AHÍ FUERA

El helicóptero AS-350 desciende cerca de la cara norte de South Mountain, en el área centro-sur de Arizona, en la nada que es el desierto de Sonora.

Acompañamos al personal de la Patrulla Fronteriza en una misión de vigilancia aérea hacia un punto clave del contrabando clandestino, que se encuentra tres horas conduciendo al noroeste de Ambos Nogales. A casi 600 metros del suelo, el helicóptero vuela a la altura de dos buitres que han agarrado una corriente de aire. Tres carneros hacen malabares caminando por los salientes de las montañas.

Entonces lo vemos escondido entre los arbustos: un panel solar de menos de un metro cuadrado. La corriente de aire que levanta el rotor del helicóptero mueve las hojas que lo rodean. Es difícil no mirar una segunda vez. ¿Un panel solar?, ¿aquí arriba?

A los mandos del helicóptero está Michael Montgomery, un agente de supervisión aérea que trabaja con la división aérea de Tucson y con el grupo de operaciones aéreas y marinas. Montgomery nos acerca tanto al panel que parece que lo podemos tocar. Se ve tan fuera de lugar en este entorno, es casi pintoresco.

Un panel solar en South Mountain. Foto: MOTHERBOARD

Sentado en la parte trasera, con equipo de combate, el rifle listo para disparar y mascando tabaco, está un agente de la BORTAC (Unidad de respuesta táctica y especial por sus siglas en inglés). Llamaremos S.O. a este agente, quien nos pidió permanecer en el anonimato debido a la naturaleza de su trabajo, y que nos está explicando cómo los centinelas del cártel cargan paneles solares y baterías de automóviles hasta puestos tan remotos como South Mountain, una cordillera de picos plagada de pequeñas cuevas.

Es un lugar perfecto para lo que podría llamarse control remoto-remoto. Es otra cima del mundo, solo que a una escala mucho más grande. Está a unos casi 300 kilómetros al norte de la línea y los contrabandistas lo usan mucho estos días.

"Parece ser en medio de la nada, pero tienes cuatro barras"

Aquí arriba, los centinelas del cártel tienen un campo visual desde el que pueden dirigir el tráfico a pie que se dirige al norte desde Ambos Nogales en el desierto que está a sus pies. Estos centinelas llevan ropa de camuflaje y permanecen aquí arriba por periodos de hasta 30 días, según S.O. En un instante, cuando se aproxima un AC-350 o un Black Hawk de la Patrulla Fronteriza, pueden meterse en las cuevas o esconderse en las grietas que se abren entre las rocas. Utilizan los paneles solares para cargar las baterías de los coches, que a su vez mantienen cargados sus celulares y radios de doble señal.

"Están en comunicación directa con el cártel al sur de la frontera y con el guía que trae al grupo", dice S.O.

Habla del cártel de Sinaloa, específicamente, y de polleros como Daniel, quien avisa a los pollos sobre cuándo es seguro cruzar la frontera. Pero cruzar la línea es solo una parte de lo que muchas veces es un largo camino hacia un futuro incierto. Después de cruzar la frontera y ser recogidos por un conductor, los pollos pasan de un punto de entrega a otro, de pollero a pollero, los que sincronizan sus movimientos por teléfono hasta que finalmente llegan a estar fuera de la vista de la Patrulla Fronteriza.

"Les pasan de un centinela a otro, hacia el norte, hasta que nos hayan pasado", explica O.S.

Sea cual sea la cantidad de personas que haya bajo la cadena de comando, ¿o es arriba?, la cima es también el punto perfecto para espiar. Aquí arriba los centinelas pueden vigilar de cerca a la migra. Son un sistema de alerta temprana.

"Están ahí fuera para ver dónde estamos y así poder guiar a los grupos evitándonos", añade S.O.

Cueva de un centinela en South Mountain. Foto: MOTHERBOARD

El control remoto no funciona en todas partes, pero aquí, en South Mountain, y en sitios como Ambos Nogales y Naco, una combinación perfecta de conectividad y geografía hace hace que sea una táctica de cruce viable.

En algunos puntos a lo largo de la frontera, no hay cobertura celular en absoluto, pero, a medida que el helicóptero planea cerca de una de las cuevas de los centinelas, puedo enviar un mensaje a un amigo diciéndole que he visto carneros salvajes. En el camino arriba hacia la rocas calizas, como John Lawson recitaba sobre sitios populares para guardar alijos de droga y preparar migrante, con nombres que parecen tan del antiguo oeste como Grace's Corner, Warren Cutout y Deer Point, vemos cuatro torres telefónicas separadas entre sí por apenas unos kilómetros.

"Parece ser en medio de la nada, pero tiene cuatro barras" dice Lawson.

En el área de Naco, el muro de la frontera está lo suficientemente cerca de una línea de casas que el control remoto es sencilla y físicamente posible. Es un escenario no muy diferente de aquel en el que Chino cruzó con su teléfono, a unos escasos cien metros del muro hasta llegar a una casa-refugio o un cobertizo.

"Está suficientemente alejado como para que el guía vea al individuo y él puede ver a la Patrulla Fronteriza y puede intentar utilizar eso para decirle al individuo cuándo tiene que agacharse, cuándo tiene que esconderse, cuándo tiene que correr y dónde tiene que ir" explica Lawson.

Lo mismo pasa en South Mountain. Es una línea de visión sin obstrucción, solo que más grande.

"Hay vigilantes aquí ahora mismo" dice S.O. sin rodeos. "Los centinelas en las montañas probablemente nos han visto llegar volando desde hace rato y están hablando entre ellos. Probablemente estén escondiéndose ahora mismo".

El control remoto funciona en esta franja de las tierras fronterizas en particular, pero cuando tienes en cuenta la economía de escala, en cierto punto las ganancias empiezan a reducirse. Lawson explicó cómo un solo guía puede hacer beneficios cruzando a, digamos, unas 10 o 20 personas, si puede transportarlos por grandes extensiones de terreno. Como Juan, el joven coyote que trabaja para Comanche. Juan nos cuenta que gana 1.400 dólares por cada migrante que guía con éxito al otro lado de la frontera hasta un punto de entrega, que está a tres días caminando al norte de Ambos Nogales.

El control remoto, por el contrario, requiere mucha más mano de obra. Los polleros son forzados a contrabandear de uno en uno. El potencial de beneficio sencillamente no existe.

"La ventaja para nosotros" dice Lawson, "es que lo hace mucho más difícil para el contrabandista".

Difícil, pero no imposible. Tanto Lawson, como su jefe, Michael Hyatt, el agente de la patrulla a cargo de la zona de Tucson, admite que acabar con una célula del cártel de contrabando de Sinaloa significa que inevitablemente otra llenará su hueco.

"Si eliminas una célula, es solo un pequeño compartimento" dice Hyatt. "Es fácilmente reemplazada con otra. Es plug-and-play. Saca un componente y mete otro".

Aquí es donde el concepto de una barrera fronteriza "completa" entre Estados Unidos y México – de cualquier muro o valla divisoria realmente- al final se viene abajo. Lawson siente que es necesaria una barrera allí donde hay carreteras e infraestructura a lo largo de la frontera, pero se resiste a pensar que tenga sentido construirla en áreas en las que "son solo kilómetros y kilómetros de desierto" como es la mayor parte de la frontera.

"Esa valla será destruida" dice. "Alguien va a vender esa valla para sacar dinero por el metal si no pones a alguien ahí para vigilarla".

Así que, digamos que alguien como Donald Trump o Ted Cruz realmente se ponen a ello, y digamos que tienen éxito. Según los números del PEW Center, los más de 3.000 kilómetros dejarían a más inmigrantes mexicanos dentro de Estados Unidos que fuera. Y ¿quién dice que esas barreras vayan a detener a nadie de cruzarlas?

"Si estás dispuesto a escalar una montaña, ¿estarías dispuesto a escalar un muro?" dijo Lawson.

La sombra del helicoptero en South Mountain. Foto: MOTHERBOARD

Ese día no vemos ningún vigilante en South Mountain, pero sí se ven signos de vida.

Descendiendo y después aterrizando el AS-350 como solo alguien que lleva 20 años pilotando puede hacerlo, Montgomery nos señala envoltorios de comida, bidones de agua, sacos de dormir arrugados y algo de ropa. Los vigilantes son demasiado listos como para llenar de basura la montaña.

"La mayoría de los centinelas en estas colinas han adoptado principios militares a la hora de empacar y desempacar" dice Montgomery.

"Esta montaña en particular tiene muy mala fama" añade S.O, quien nos cuenta que la mayoría de los centinelas que están aquí arriba van armados. "Controlan esta área. Si no tienes permiso para transportar tu grupo por aquí, seguramente mandarán a algún tipo armado para ver qué demonios estás haciendo ahí".

Eso parece ser lo que pasó hace unos meses cerca de la base de South Mountain. Montgomery sobrevuela con el helicóptero el punto exacto. "Aquí" señala. "Junto a este montón de rocas".

Es el escenario de la ejecución de un migrante que había venido desde Guatemala, según Montgomery y S.O. En esta área en particular alrededor de South Mountain hay aproximadamente un 90 por ciento de tráfico de drogas y un 10 por ciento de tráfico de personas, explica S.O., quien deduce que el grupo de migrantes con el que el hombre de Guatemala estaba cruzando se había alejado demasiado y había terminado en un territorio en el que se supone no debían estar. O a lo mejor el coyote no estaba afiliado al cártel de Sinaloa y no pagó el piso o tasa que el cártel exige a los forasteros para moverse por la plaza.

"Cuando la familia le devuelve la llamada a la persona que tiene el teléfono, es cuando a nosotros nos llaman para ver de que manera podemos ayudar. En estos casos ya no se puede"

Las circunstancias en las que pasó seguirán siendo un misterio, aunque el migrante guatemalteco probablemente fue asesinado por vigilantes armados de South Mountain. Él estaba solo cuando BORSTAR encontró su cuerpo a principios de año en la punta de la colina, que se ha convertido en una especie de altar expiatorio. Él es uno de los 16 migrantes guatemaltecos que fueron encontrados muertos en el desierto de Sonora desde comienzos del año 2015, según Carlos Enrique de León López, cónsul de Guatemala en Tucson.

Eso es por lo que él y otros oficiales instan a los migrantes a que no solo lleven teléfonos al cruzar kilómetros de desierto, sino que pidan ayuda si están en apuros. El problema, explica López, es que el 911 es a menudo el último número al que los migrantes llaman. "Gastarán la batería de su teléfono llamando una y otra vez a sus familiares y amigos, pero para entonces, es demasiado tarde".

"Cuando la familia le devuelve la llamada a la persona que tiene el teléfono, es cuando a nosotros nos llaman para ver de que manera podemos ayudar. En estos casos ya no se puede" dice López desmoralizado.

LÍNEAS DE AYUDA

El Coronel Brian Ready dirige el Equipo Forense Nacional de telefonía móvil, que ayuda a las autoridades a lo largo de todo Estados Unidos a interpretar datos de celulares, en bruto y analizados, para misiones de búsqueda y rescate.

Ready, quien también lidera la rama de Arizona de la Patrulla Civil Aérea, recuerda una misión en particular hace tres o cuatro años en Arizona, en la que él y su equipo fueron llevados a una operación llevada a cabo por la Patrulla Fronteriza para localizar a un grupo de 14 migrantes que necesitaban ayuda. La agencia necesitaba análisis detallados de los registros de llamadas antes de triangular con GPS las coordenadas de un teléfono que llevaba uno de los migrantes del grupo que llamó al 911.

Por casualidad, Ready y su equipo se encontraban fuera en una misión de entrenamiento en la misma área y pudieron ayudar a la Patrulla Fronteriza a localizar al grupo. La llamada al 911, recuerda Ready, fue directa al Sheriff local, quien entonces llamó al equipo forense de Ready. Los primeros servicios de emergencia localizaron al grupo y les administraron primeros auxilios.

"Fue todo conocimiento local, nada de tecnología cósmica" dice Ready .

Los teléfonos desechables y los sistemas probados y aprobados del 911 son de tan alta tecnología como lo puedes ser estos días los rescates en las fronteras. Mientras que la patrulla Fronteriza tiene acceso a simuladores de antenas celulares , que recopilan localizaciones en tiempo real emulando a torres de telefonía móvil, los agentes dicen que nunca han utilizado esta controvertida tecnología inteligente de señales para encontrar a migrantes perdidos o, de manera subrepticia, seguir su rastro mientras están en movimiento.

"No somos como la NSA" nos dijo Lawson. "No estamos monitoreando todo este tipo de cosas".

Torre telefónica cerca de Naco, Arizona. Foto: MOTHERBOARD

Es difícil precisar cuántos migrantes han sido salvados por los teléfonos desechables. Pero Martin es uno de ellos.

Lo encontramos sentado en la sombra frente a la sede del Grupo Beta, una patrulla fronteriza humanitaria mexicana, localizada justo a unas cuadras de la iniciativa Kino, un refugio transfronterizo cercano al puerto de entrada de Ambos Nogales. Martin es un tipo grande, con la cabeza rapada y un bigote rudo; lleva una sudadera negra, polera verde y jeans negros. Martin ha estado quedándose en un refugio al otro lado de la calle frente al Grupo Beta, un cuerpo especial afiliado al gobierno mexicano que pretende proteger los derechos humanos de los migrantes independientemente de su estatus migratorio. Nos cuenta que ha cruzado la frontera de forma ilegal cinco veces. Acabamos de dar con él, después de ser observados por los punteros en los apartamentos que frecuentaba Daniel de Caborca, cuando Martin empezó su historia.

La última vez que Martin intentó cruzar, y la primera que lo hacía sin ayuda de un coyote, fue a finales de la primavera de 2013. El camino desde el límite de la civilización hasta la frontera en sí, y después hasta estar a salvo en el Norte, varía en tiempo y distancia. No todos tienen la suerte que tuvo Chino la primera vez que pasó, cuando consiguió llegar desde Puebla a la frontera y después a Nueva York en tan solo unos días. Para muchos migrantes que cruzan la frontera el camino puede llevar días, a veces semanas, y muchos kilómetros. Son 20 kilómetros desde Nogales, Sonora, hasta Nogales, Arizona. Como tantos pollos, Martin y los otros dos tipos jóvenes con los que se juntó solo empezaron a caminar.

"Es muy duro" dice Martin, quien nació en México pero vivió en Estados Unidos por más de 30 años cuidando a sus padres enfermos, que viven en Arizona.

Martin usó un teléfono mexicano de Telcel para llamar al 911 y entregarse, después de 32 horas deambulando por el desierto. De alguna manera, terminó separándose de los otros dos migrantes que cruzaban con él. Estaba deshidratado y viendo manchas, cuando llamó a las autoridades pidiendo ayuda. Martin fue rescatado al poco tiempo de hacer esa llamada.

El teléfono de Martin. Foto: MOTHERBOARD

Para alguien que se ha beneficiado de las líneas de ayuda que los teléfonos ofrecen a los migrantes, duele escucharle descartar que pagar a los polleros por un teléfono sea una estafa. Él dice que nunca ha pagado a nadie para cruzar y piensa que pagar a un contrabandista por un teléfono barato es "como tirar el dinero" a los cárteles.

Dejamos a Martin, deseándole suerte y que todo le salga bien.

"Saldrá bien" dice.

El ÚLTIMO TRAMO

Chino eventualmente fue liberado.

Después de que la Patrulla Fronteriza lo pillara escondiéndose y herido en un arbusto, Chino fue trasladado a un centro de detención para procesarlo. La agencia tiene puntos de detención "en la mayoría de localizaciones donde trabajan los oficiales y agentes de la CBP", según un comunicado por escrito que fue facilitado a Motherboard.

No pudimos verificar en qué centro estaba retenido Chino. Cualquiera que fuese, él dijo que estuvo detenido dos o tres días. Es difícil saber. Tiene recuerdos horribles de ese lugar.

"Es la tortura" dice Chino.

Se trata sobre todo de migrantes que son trasladados a estos centros por un tiempo hasta que sus casos se resuelvan. Hasta entonces, explica Chino, los detenidos permanecen en algo así como una nevera.

"Así se siente de frío" dice. "Es horrible".

Las quejas de Chino continúan: apenas le dieron comida, nada de agua y fue obligado por el personal de la Patrulla fronteriza a mantenerse despierto durante lo que duró el calvario.

"No te dejan dormir" dice Chino. "Te dejan despierto toda la noche, cada dos horas te van a molestar, te van a tocar, 'No se duerma'. Está uno como loco ahí. Te sientes chiquito ahí en un lugar así, frío"

¿Cuál es el objetivo? se pregunta. Romperte. Meterte tanto miedo que nunca más vuelvas a intentar cruzar sin documentación. Hacerte sentir muy mal.

"Es un maltrato al ser humano" dice.

La Patrulla Fronteriza se negó a hacer comentarios directamente sobre estas acusaciones, debido a una demanda colectiva que la American Civil Liberties Union of Arizona junto con otro montón de organizaciones de derechos civiles interpuso contra ellos en 2015. La demanda apunta al supuesto maltrato de individuos retenidos en condiciones "horribles" y "degradantes" en los centros de detención, especialmente en el sector de Tucson de la Patrulla Fronteriza, donde a "decenas de miles" de hombres, mujeres y niños se les niega comida, agua y atención médica, en "hieleras" abarrotadas de gente.

"Un hombre describe estar tumbado en el cemento frío de uno de estos centros como "intentar dormir sobre hielo"" escribió James Lyal, un abogado especialista en litigios fronterizos para el ACLU de Arizona, en un post en su blog.

En su declaración escrita, la Patrulla Fronteriza asegura que las temperaturas en estas instalaciones están programadas a 21 grados Celsius, que a los detenidos se les entregan mantas y que los centros están iluminados para asegurar la seguridad de aquellos que están en custodia y del personal que trabaja ahí.

"Las instalaciones están diseñadas para alojar personas solo hasta que puedan ser adecuadamente procesadas y después entregadas a otra agencia o repatriadas" dice la declaración. "Están diseñadas para garantizar la seguridad y bienestar de aquellos que están en nuestra custodia y son mantenidos de acuerdo a las leyes y normas aplicables".

Los agentes de la Patrulla Fronteriza "se requiere que traten a todas las personas que se encuentran con respeto y dignidad" continúa el comunicado. "Este requerimiento se trata constantemente en los entrenamientos del personal y se refuerza constantemente a lo largo de la carrera de los agentes".

Chino camina por Bedford Avenue en Williamsburg, Brooklyn. Gif por Evan Rodgers

Después de su puesta en libertad, Chino fue deportado de vuelta a México. Intentaría escapar otra vez atravesando Nogales tan solo unas semanas después. Esta vez no intentaría ser guiado por control remoto. Lo haría a la manera tradicional, en un grupo de seis pollos guiado por un par de coyotes. Le dijeron que tardaría siete horas.

Días después de iniciar la travesía los coyotes les abandonaron. Para entonces ya estaban muy metidos en Arizona, recuerda Chino.

"Voy a mandar a alguien por ti" les dijeron los coyotes, pero nunca lo hicieron.

Chino dice que él y el resto de los que iban a cruzar, entre los que se incluía un migrante guatemalteco, recurrieron a comer plantas silvestres para mantenerse con vida y eran seguidos de cerca por coyotes de verdad, que los rondaban como buitres esperando a que murieran.

"Si me quedo aquí los coyotes me van a comer" le dijo al grupo. Comámonos los coyotes, pensó, o nos comerán a nosotros.

Chino y el grupo perseveraron. Mientras lo hacían él empezó a hablar con Dios. ""Lo que usted quiera" le dijo.

"¿Qué vas a hacer?" dice Chino ahora, reflexionando sobre ese momento. "Ahí es donde conoces a dios realmente. "A veces uno no entiende el propósito de la vida hasta que ve uno la verdadera parte que es eso… estar ahí agonizando, esperando la muerte".

El grupo se separó al acercarse a una pequeña ciudad. Chino no puede recordar qué ciudad era, pero dice que algún lugar entre Nogales y Tucson. Habían pasado tres días desde que los coyotes desaparecieron y alguno de los que cruzaban con él, esperando a que los coyotes volvieran, decidieron quedarse a esperar. Chino no quería esperarles.

¿Tu crees que van a venir por ti?" les dijo a los demás. "Si no te quieres ir yo me voy a ir"

Uno de los tipos del grupo, un chico joven, siguió a Chino. Se animaron inmediatamente, dice Chino. Estaban muy cerca de la civilización, donde podrían integrarse y esperar a que les recogieran, cuando vieron las luces de la migra, que cortaban la luz del amanecer con sus focos delanteros.

"Hay que correr" dijo el chico.

"No ¿Para que corres?" dijo Chino. "No tenemos agua, no tenemos comida, ¿Te quieres morir?"

La Patrulla Fronteriza les pilló en el límite de la ciudad. Les hicieron las típicas preguntas: ¿Llevan armas?, ¿Hace cuánto que estás aquí?, ¿Qué haces en este país?, ¿Tienes drogas? Ninguno de los dos tenía.

Chino dice que las condiciones en el centro de detención temporal y el centro de detención de la Patrulla Fronteriza eran similares: poca comida, agua o sueño. Esta vez, dice, fue retenido cuatro días.

El teléfono. Foto: MOTHERBOARD

El cuarto intento de cruzar fue el bueno. Chino cruzó atravesando Reynosa, en Tamaulipas, México, donde vadeó el Río Grande con otro par de migrantes y quedó con un conductor en algún lugar al otro lado de la frontera de Texas. Cuando llegaron a un punto de control de la Patrulla Fronteriza, hacia el norte, Chino se vio en aprietos.

Una vez más, tuvo que empezar a caminar por el desierto, esta vez durante cuatro días, hasta que fue recogido otra vez por un conductor. Dos días después Chino estaba en Nueva York, donde hoy vive con su novia y dos perros. Trabaja en un restaurante en el Lower East Side de Manhattan, donde es uno de muchos.

"Conozco gente que ha intentado cruzar como yo" dice. "Lo intentaron varias veces, con un teléfono, pero es una mierda". Los polleros que ofrecen a la gente esta opción son unos estafadores, dice. "Están mintiendo, 'Vas a cruzar con el teléfono, lo vas a lograr', pero no es verdad. Solo quieren sacarte dinero".

El viaje con control remoto es el que parece se le ha quedado más marcado a Chino, más que los otros intentos de cruzar la frontera, tanto los que fracasaron como aquellos en los que tuvo éxito. Arrastra secuelas físicas y recuerdos de aquella fatídica noche de septiembre de 2013. Los brazos de Chino tienen cicatrices por las púas y los pedazos de hierro en los que se golpeó al caer al hoyo. Incluso nos enseña el aporreado Blackberry Curve que usó para chatear con los polleros en aquella condenada caída.

Chino se quedó el teléfono como un souvenir.

Reporte adicional por Camilo Salas y Luis Chaparro.