Cómo es que las tácticas antiterroristas sirven frente a la caza de elefantes

La Teniente Coronel Faye Cuevas está utilizando sus 19 años en el servicio de inteligencia para ayudar a proteger a los elefantes.

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14 julio 2016, 8:53pm

Imagen: Jon Mountjoy/Flickr

Faye Cuevas no había sido nunca una mujer particularmente interesada en los elefantes. Cuevas tenía otras cosas en la cabeza. Hasta que llegó a África con la misión de rastrear a Joseph Kony y a su Ejército de la Resistencia del Señor. Cuevas trabajaba como teniente coronel en el departamento de inteligencia antiterrorista del gobierno de Estados Unidos. Y por mucho que no le interesaban los elefantes, estos no paraban de cruzarse en su camino.

"Los veíamos todo el tiempo: había elefantes y vacas por todas partes", cuenta Cuevas durante una conversación telefónica. "La verdad es que para mí, por aquel entonces, el paradero de los elefantes era, no diré que irrelevante, pero digamos que no entendía cuál era su importancia para mi misión".

Claro que Cuevas no tardaría mucho en averiguar que los elefantes podrían ser los receptores de información muy valiosa: normalmente cuando se sentían lo suficientemente tranquilos como para pasearse por determinadas zonas era porque los criminales no estaban cerca. La insospechada relación entre la fauna salvaje y la delincuencia provocó que algo hiciera clic en la cabeza de Cuevas.

"Yo había escuchado a los conservacionistas profesionales contándome el drama de las cazas ilegales y a mí, como analista en inteligencia que era, me sonaba terriblemente parecido a luchar contra el terrorismo, o contra las redes de la insurgencia", confiesa Cuevas.

Más o menos a partir de aquel momento empezó a trabajar como voluntaria. Quería encontrar las maneras de aplicar sus habilidades como experta en anti terrorismo para combatir a la plaga de los cazadores furtivos. Y en noviembre del año pasado, después de 19 años sirviendo al ejército de su país, se unió a las filas de la Fundación Internacional para la Protección de los Animales IFAW (en sus siglas en inglés) como jefa de personal. Cuevas encabeza desde entonces el programa tenBoma contra la caza furtiva en Kenia — una iniciativa que se desarrolla conjuntamente con el Kenya Wildlife Service (KWS), el organismo encargado de la defensa de los derechos y las vidas de los animales salvajes del país africano. Cuevas sigue activa como oficial de reserva militar de la inteligencia de las Fuerzas Aéreas de su país, aunque, actualmente, invierte la mayor parte de su tiempo en aplicar sus conocimientos a otra clase de lucha. Y lo cierto es que le está yendo bien.

La jefa de personal del IFAW, Faye Cuevas, muestra a dos soldados del KWS cómo utilizar una aplicación telefónica empleada para recabar información contra la caza furtiva. Imagen: IFAW

En 2012 y 2013 la caza furtiva de elefantes y de rinocerontes en Kenia alcanzó las cifras más elevadas nunca registradas. Aquel año más de 300 elefantes fueron abatidos por los cazadores. A tenor de la sangrienta velocidad a la que los elefantes están siendo asesinados en África, los conservacionistas creen que la especie podría extinguirse tan pronto como en 10 años. El gobierno de Kenia ha intensificado en los últimos tres años su persecución de los cazadores ilegales. En ese tiempo ha fortalecido las filas del KWS y ha redoblado la contundencia de sus leyes. Y lo cierto es que los resultados saltan a la vista: el número de elefantes asesinados en Kenia ha caído en picado: se ha pasado de los 384 ejemplares abatidos en 2012, a solo 96 en 2015. Y además, el índice de natalidad de la especie en el África Oriental ha rebasado por primera vez en años al índice de mortalidad. Claro que el problema sigue existiendo y Kenia sigue siendo un punto de paso obligado para la caza de marfil ilegal que llega desde otras partes de África en su camino hacia Asia. Tal es el motivo por el que tanto el IFAW como el KWS están redoblando sus estrategias para perseguir a los correosos delincuentes. Y entre las nuevas líneas de acción se cuenta una aproximación más táctica al problema.

El KWS ha mantenido durante años un control detallado de los números de cazas furtivas, la mayoría de los cuales acumulaban polvo en los archivadores desde hacía tiempo. El equipo tenBoma ha conseguido ahora desempolvar muchos de aquellos archivos y sacar a la luz los datos sobre la mortalidad de los elefantes acumulados durante los últimos 6 años. Y en base a ello ha elaborado un análisis de los patrones de tendencia para la identificación de los lugares donde se registran un mayor número de cazas. El análisis ha concluido que en una determinada zona, cercana a los parques safari del sur del país, la caza furtiva se dispara justo antes de la llegada de las dos temporada de lluvias anuales; eso es, en primavera y en otoño. Así que en vista de tales informaciones, el equipo del KWS se propuso desplegar una delegación en el lugar justo antes del arranque del primer periodo de lluvias de este año — inspeccionó la zona, habló con los vecinos y dispuso a un equipo de agentes para que detuviera a los vehículos que circulaban por la zona.

"A lo largo de los últimos seis años se ha detectado un notable incremento de la caza furtiva, pero en lo que va de año todavía es hora de que se denuncie una sola caza", señala Cuevas. "Tal era la situación a finales de febrero y tal sigue siendo la situación a día de hoy: el número de cazas furtivas sigue estable en la zona: cero cazas".

La intervención táctica desplegada por Cuevas va más allá de analizar montones de datos. Antes de sumarse al Comando de Operaciones Especiales en África de Estados Unidos, Cuevas había sido destacada en múltiples ocasiones en Irak y Afganistán. Allí trabajaría como analista en inteligencia antiterrorista. Uno de los métodos que desarrolló allí fue el llamado ciclo de objetivos militares (una suerte de manual de instrucciones para el desarrollo de misiones de inteligencia) llamado F3EAD: siglas que significan encuentra, soluciona, explota, analiza y disemina. Durante las últimas semanas, Cuevas y su equipo han aplicado idéntica estructura por primera vez para combatir a los cazadores ilegales.

"Por mucho que se haya dicho que se había declarado la guerra a la caza furtiva, nadie había desplegado una estrategia militar para combatirla"

Gracias al empleo de la estrategia F3EAD, el equipo tenBoma ha facilitado la misión liderada por el KWS. La iniciativa ha contado con informadores que han ayudado a rastrear a uno de los tentáculos de la red de cazadores furtivos de marfil, y a detectar a objetivos situados en escalafones superiores de la pirámide. La compleja operación en cadena ha consistido en comprar marfil de manera ilegal, en detener a algunos de los implicados y en desplegar un sistema de análisis forense en el lugar de las muertes. La operación permitió acceder al teléfono de uno de los cerebros de la red y extraer nada menos que 450 páginas de información en las que se detalla toda la operación: como fotografías, mensajes de texto y datos de geolocalización. A partir de ahí el equipo dirigido por Cuevas consiguió identificar a otros tentáculos de la red y compartir la información con las autoridades gubernamentales.

Obviamente se trata de métodos efectivos pero no van a terminar con la lucha contra el tráfico de marfil de un día para el otro. Cuevas cree, pese a todo, que el empleo de estrategias militares puede tener consecuencias mucho más significativas.

"Por mucho que se haya dicho que se había declarado la guerra a la caza furtiva", señala Cuevas, "nadie había desplegado una estrategia militar para combatirla".